¿Para qué me sirven las ciencias?

Updated: May 6, 2019

Es muy común escuchar a mis alumnos nuevos decir que "las ciencias son aburridas" "que no entienden porque tienen que estudiar biología o química si ellos no quieren ser doctores" o incluso, algunos llegan más lejos y proyectan su futuro a partir de su sentir en ese momento "¿Para qué me sirven las ciencias en la vida?".



Llegado ese momento, después de inhalar y exhalar unos segundos, vuelvo a ellos con esta pregunta "¿Qué sería de la vida sin las ciencias?". Ellos me quedan mirando por un corto tiempo -como ordenando sus ideas y argumentos- y casi de manera automática contestan: "si, son importantes pero ¿por qué tienen que ponerle nombres tan complicados a las cosas, cómo me va a servir en la vida saber las valencias de los elementos químicos y por qué todo se resume a seguir exhaustivamente el método científico?".

¿Te suena familiar? ¿Sí?. Para la mayoría de maestros de ciencias este escenario es bastante común, sobre todo en alumnos de los últimos años. Pero ¿Por qué?, ¿Por qué un chico que antes disfrutaba de mirar todo a través de un microscopio ahora no quiere ver mas una imagen de una célula? ¿Por qué si antes disfrutaban preparándose para exponer sobre el ciclo del agua, las partes de una flor o sobre animales salvajes ahora la idea de tener que leer, investigar y exponer les resulta tan aburrida?.

La respuesta es sencilla, nuestros alumnos han cambiado. Y este cambio es el resultado de un mundo que también ha cambiado; en donde la información la encuentras a un click de distancia y ya no es potestad del profesor, donde las preguntas demoran segundos en ser resueltas y las respuestas pueden llegar por múltiples fuentes, de manera sencilla y más eficiente. Un mundo donde requerimos estar "permanentemente conectados" y en donde las interacciones y relaciones son mayoritariamente virtuales. 

Si eso es bueno o malo, no lo discutiremos en este blog, pero lo cierto es que ese es el mundo en el que vienen creciendo nuestros alumnos y por ende; es un mundo que debemos de entender y al que estamos llamados a entrar, asumiendo otros roles que permitan que el aprendizaje de nuestros alumnos sea acorde a sus ritmos, intereses, necesidades y realidades.

Cuando mis alumnos se refieren a las ciencias como algo "innecesario o aburrido" soy consciente de que en el camino se han ido perdiendo dos ingredientes importantes que son el punto de partida en todo proceso de aprendizaje "la motivación y el gusto por aprender".

Como maestra asumí el reto de devolverles la motivación y ganas de aprender, lo que implicó adaptar mis instrumentos de enseñanza y evaluación, el desarrollo de más dinámicas de trabajo colaborativo y el diseño de sesiones de trabajo más interactivas que se valieran del uso de la tecnología.

Cada vez que diseño una unidad de aprendizaje, un sesión de trabajo o una evaluación, todo el tiempo me hago estas tres preguntas ¿Qué quiero/debo aprender de éste tema? ¿Cómo me gustaría que me enseñen/evalúen? ¿Por qué es importante que me involucre?. Sí, las formulo como si fuera un alumno, y es que pasamos tanto tiempo con ellos que ponernos en sus zapatos no nos resulta nada complicado, pero ese sí, también responde a una necesidad de ponerlos a ellos como el centro del aprendizaje. La motivación y el gusto por aprender debe nacer de los alumnos, de sus observaciones, intereses y expectativas. Forzar un aprendizaje hace todo menos motivar o gustar.

De otro lado, como bióloga y ciudadana, asumí la responsabilidad de enseñar ciencias según las necesidades y escenarios locales, regionales y mundiales actuales. Quedarnos en lo superfluo del contenido y la memoria dejando como secundario la participación y acción, sería seguir haciendo más de lo mismo. Necesitamos formar personas, futuros profesionales, que sean ciudadanos conscientes, participativos y responsables con ellos mismos y su entorno. Y siendo honestos, la mayoría de nuestros alumnos -lamentablemente- no estudiarán carreras científicas, lo que nos deja una gran responsabilidad como docentes de educación secundaria, ya que los aprendizajes que se hagan en aula tendrán que ser lo suficientemente importantes y trascendentales para que impacten positivamente en sus vidas futuras y en las de los demás.

La próxima vez que escuches a un alumno decirte que las ciencias son aburridas o que no le sirven, hazle la siguiente pregunta ¿cómo podría la ciencia ayudar a mejorar tu calidad de vida?, esa simple pregunta abrirá un volcán de información, que si escuchas atentamente te dará la base para cambiar su percepción sobre las mismas y la información sobre la metodología más adecuada para llegar a ello. He ahí el reto que tenemos como docentes y ¿por qué no? quizás también te permitirá captar y acompañar nuevos talentos científicos, tan necesarios y esenciales para el crecimiento de toda sociedad.

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