¿Cómo enseñar el método científico? La Clase de la Pluma

¿Para quién no ha sido un reto enseñar el método científico? Un método que, por su propia estructura metodológica, puede llegar a caer en la memoria y repetición. Por ello, quiero compartir una experiencia de trabajo en aula, cuando me tocó enseñar y aplicar el “método científico, ”en una clase que llame la “clase de la pluma”.


Antes de planificar una experiencia, es bueno que revisen y consideren los recursos que tienen en su institución educativa. Esto es importante, ya que les permitirá aprovechar los recursos de su entorno y generar ideas de solución a problemas y contextos reales. En mi caso, había un zoológico cerca, por lo que pude conseguir plumas de diferentes aves y colores. Al llegar a clase, di una pluma a cada dos estudiantes. Les pedí que las examinaran y que en un un pedazo de papel escribieran todas las preguntas que se les ocurrieran. Evidentemente, salieron preguntas bastante interesantes como: ¿de qué animal es?, ¿le habrá dolido cuando se la sacaron?, ¿dónde fue encontrada?, ¿son de verdad?, entre otras.


Luego, les pedí que escogieran la pregunta más curiosa e interesante. A partir de ella, diseñaron una hipótesis, que luego debían poner a prueba. Entonces, hicieron un protocolo de experimentación simple y de unos cuantos pasos. Fuimos al zoológico para que pudieran, a través de sus propios métodos, dar solución a la pregunta que habían elegido. Fue muy enriquecedor verlos midiendo, tratando de comparar y deducir de qué ave era esa pluma.


De vuelta en el aula, les pedí que dibujen la pluma, algo bastante básico ¿verdad? De hecho, muchos se sorprendieron, “¿dibujar?...¿no puedo pegar una imagen?”. Me incliné por el dibujo porque es importante que ellos puedan explicar, no solamente oralmente, sino de manera gráfica y escrita. Sin importar cual fuera el resultado dibujaron y pintaron la plumas con sus propias manos. En el proceso, empezaron a salir varios retos, uno de ellos fue el “no tener el color adecuado”. Así que los animé a proponer soluciones, algunos decidieron hacer una leyenda, otros escribieron el color que correspondía en el dibujo y otros, se vieran en la necesidad de trabajar colaborativamente.


Después de eso, pedí que describieran la pluma. Para ello, debían emplear una gran cantidad de adjetivos. Lo que puede parecer una tarea fácil no lo es tanto, cuando solo estás acostumbrado a emplear uno o dos sentidos para recibir información de tu entorno o cuando tu vocabulario es bastante limitado. Así que surgieron descripciones como: “es grande, es liviana, es delicada”. Pero, ¿más grande en comparación con qué? Ahí vieron la importancia de usar puntos de referencia para poder comparar el tamaño, lo que más adelante se conocerá como “grupo control”.


Finalmente, y luego de salir al campo a observar, graficar, describir y tomar los datos de de propuesta experimental, llegó el momento de que evaluaran si su hipótesis había sido o no correcta y a partir de ella, emitieran sus conclusiones.


Sin darse cuenta, los estudiantes habían trabajado de manera distinta, las etapas del método científico en diferentes momentos de la clase. Lo más importante, es que lo hicieron por sí solos. No fue un plan estructurado ni una ficha preparada, sino un trabajo guiado a partir de sus observaciones y propuestas.


Para enseñar a amar las ciencias hay que empezar por casa, observando tu entorno inmediato, practicando el enfoque indagatorio y fomentando la creatividad y resolución de problemas.



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